Carta de una Mujer Empresaria

La mayoría de las mañanas suelen ser un caos, pero en ocasiones este
caos no es solo por las muchas tareas que debo enfrentar en el hogar. Puedo
decir que el caos habita en mi cabeza, al querer tener el control de todo y al
mismo tiempo asumir la responsabilidad de mi negocio.
Ser una mamá
empresaria no es fácil, pero ser esposa, madre, hija, hermana, y empresaria es
un reto que sencillamente no podría manejar y superar sola cada mañana.
Definitivamente,
vivo un sueño al que siempre he titulado "Un sueño llamado INNOVA".
Este sueño crece y cambia día a día, se proyecta y necesita de mí para vivir.
Pero debo aceptar que sin ELLOS no podría hablar de INNOVA, y hoy este
reconocimiento es para ellos.
Todos los días me
levanto con un propósito claro, y veo unos ojos que ya están abiertos, dándome
la bienvenida a una nueva mañana de caos. Me reciben de forma amable, me
ofrecen una taza de café y con amor me dan el primer impulso: "Señora
Cortés, se le va a hacer tarde". Hablo de ese compañero que la vida me
dio, mi esposo. Edwin es más que mi esposo, es mi aliado perfecto. Como aliado
estratégico, siempre va más allá. Conoce la agenda de la esposa, madre y
empresaria. Atiende quejas, reclamos y peticiones, y además me motiva
constantemente a ser mejor. Me reta todo el tiempo a mejorar, no porque crea
que algo estoy haciendo mal, sino porque dice que soy mejor que eso, y le creo.
Su amor constante nos mantiene firmes. Además, el trabajar juntos por nuestra
empresa es un clic perfecto de emoción y sincronía. En él encontré el compañero
con el que nos complementamos y creamos sueños.
Tal parece que la
mañana está controlada, sin embargo, al despertar alguien toma mi mano y ese
primer impulso parece nulo. Son esos otros hermosos ojos que me encanta ver.
Sin embargo, esos lindos y grandes ojos piden a gritos que no salga de la cama,
que mi deber es seguir ahí y no ir a ningún lado. Y aquí viene una de las
decisiones difíciles para quienes somos madres y empresarias: dejar esos
hermosos ojos por continuar cultivando y sembrando un sueño. Es una decisión
diaria y difícil. Algunas veces trae culpa, pues Julieta es la persona perfecta
en mi mundo. Estar con ella, jugar con ella, pelear con ella hace que mi día
sea feliz y tranquilo. En ella encuentro el motivo y este amor y estado de paz
me hacen difícil dar un paso a la ducha, hasta llegar a pensar que mejor me
quedo en la cama, con estos ojos hermosos y que vendrán otros días para
trabajar por ese sueño. Y es allí cuando entran esos otros dos ángeles en la
vida de la Familia Cortés González, los abuelitos Rafael y Neisa. ¿Qué sería de
estas mañanas sin este par?
Llega el toque de
conciencia y el espíritu santo me ordena levantarme, dejar el calor de la
mañana al lado de Julieta, dejar su mirada y sus risas y preparar las armas para
enfrentar el día que se viene. Y aquí Dios, en su perfección, puso a nuestro
servicio a los abuelitos de Julieta. Ellos a quienes encomendamos nuestra hija
y cuidan de ella mientras continuamos cumpliendo ese sueño como padres, esposos
y socios. Mis padres y su apoyo son pieza fundamental en este crecimiento y
aprendizaje constante. Al decirnos "Vayan tranquilos, aquí estamos
nosotros", son la suficiente carga para salir y vivir el propósito.
Mañanas fáciles o
difíciles, siempre las tenemos. Pero algo que jamás falta en este camino y
desafío diario, y que es lo que puedo asegurar se mantiene como constante en
toda la jornada, es la presencia de Dios que nos dio el camino. Sin Él, estoy
completamente convencida de que nada sería igual. Entiendo que sería 7 veces 7
más difícil, incluso imposible.
Para mí, Jenny,
esposa, madre, hija y empresaria, es muy fácil porque están ellos, mi familia y
mi vida. Pero entiendo que sin Dios, el equipo perfecto no estaría y no viviría
el reto de emprender con tanta dicha.
Sin embargo, este
no es el modelo perfecto de negocio que un emprendedor está obligado a tener.
Es decir, puede que no tengas esposo, o que lo tengas pero seas tú como esposa
quien le dé el café por la mañana. Puede que si tienes hijos, no siempre el despertar
sea tranquilo, o que no tengas la bendición de abuelos o el apoyo de un
familiar para delegar su cuidado. Este no es el modelo perfecto, pues mi
agradecimiento y mi fortuna están en ellos. Pero algo que tengo claro es que
sin estas circunstancias, mi sueño no podría limitarse, INNOVA no tendría por
qué dejar de existir y reinventarse. No sé cómo sería mi vida de empresaria hoy
sin ellos, pero conozco mi propósito y tengo ese aliado que no puede faltar en
todo emprendimiento: se trata de Dios.
Entonces, si te es
difícil despertar y vivir el sueño, pregúntate esto: ¿Dios está en ello? Si lo
intentas una y otra vez y no resulta, pregúntate: ¿Dios está allí? Si tienes un
equipo de trabajo pero este no funciona, pregúntate: ¿Oraste a Dios para que
pusiera a las personas idóneas en tu camino? Si tienes clientes pero no te
pagan, o no valoran tu producto o servicio, pregúntate: ¿Qué haría Jesús en
esta situación y yo, estoy sirviendo a mi cliente como Él lo haría?
En conclusión, el mejor aliado que puedes tener es Dios. Sea cual sea el proyecto, consultar con Él y tomar decisiones en oración es crucial. Allí es donde el sueño deja de serlo y se convierte en realidad, una realidad llena de retos, por supuesto, pero también de motivos, satisfacción y vida.